Última entrada

Internet y el cerebro del traductor

Hace unas semanas, Steve Vitek analizaba en su blog los contras de trabajar conectado a internet y el principal problema al que estamos expuestos: que acabemos enganchados a la red y que no solo la utilicemos mientras trabajamos, sino también durante nuestro tiempo libre para, entre otras cosas, acabar leyendo blogs como este.

Lo más grave quizá no sea la adicción en sí, encubierta de alguna manera en nuestra condición de traductores autónomos (en la mayoría de los casos), sino los cambios en nuestra mente a los que está dando lugar ese uso extensivo de internet. Ese es el tema principal que aborda The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains, de Nicholas Carr. Carr hace un recorrido por la historia para presentarnos algunos de las alteraciones que produjeron otros inventos, como el reloj o los mapas, en nuestro cerebro, caracterizado por su plasticidad. Internet, desde su aparición, está originando otro tipo de cambios, relacionados principalmente con nuestros hábitos de lectura y nuestra capacidad intelectual.

Es cierto que leemos más que antes, pero esa lectura se hace de forma deslavazada y no es lineal. Cada vez que visitamos una página (un hipertexto) tenemos decenas de vínculos disponibles para acceder a más información. Distracciones, al fin y al cabo, que se unen a las que nos proporcionan otros canales como el correo electrónico, Facebook o Twitter. De ahí que cada vez nos resulte más difícil concentrarnos en una tarea o leer un texto relativamente largo y que cada vez tendamos más a la procrastinación, máxime si estamos conectados a internet.

Aunque tengamos acceso a más información, cada vez disponemos de menos conocimientos porque no somos capaces de evadirnos durante la lectura de un buen libro y de reflexionar sobre lo que estamos leyendo. Es decir, cuanta menos atención prestamos a lo que estamos leyendo, más difícil nos resulta retener datos. Tampoco nos preocupa, porque sabemos que con una búsqueda en Google encontraremos lo que necesitamos en cualquier momento. Como señala Carr, «estamos evolucionando de ser cultivadores de conocimiento personal a cazadores recolectores en un bosque de datos electrónicos». Y los traductores, aunque para documentarnos debamos ser buenos cazadores, ante todo tenemos que ser cultivadores de conocimiento.

Por eso conviene que analicemos el uso que le damos a internet, tanto a nivel profesional como a nivel personal. Algunos hábitos que nos pueden ayudar a convivir con esta «adicción» y a evitar que nuestra mente se disperse:

  • Evitar la multitarea y concentrarnos solo en una actividad.
  • Consultar el correo electrónico cada cierto tiempo, en lugar de tenerlo abierto en todo momento. Con las redes sociales, lo mismo.
  • Utilizar alguna extensión que extraiga el texto de un artículo para que lo podamos leer sin distracciones (iReader Readability)
  • Registrar una cuenta en alguna aplicación que nos permita guardar artículos para leerlos más tarde (Readability, de nuevo, o Instapaper).
  • Sistematizar tareas que nos ahorren tiempo frente al ordenador (IFTTT).
  • No depender —demasiado— de internet para el ocio.
  • Desconectar por completo de vez en cuando (internet también está en la mayoría de nuestros teléfonos móviles). Por ejemplo, pasar un fin de semana en alguna de estas casas rurales.
Y, sobre todo, leer a la vieja usanza. Al fin y al cabo, internet es un excelente cerebro auxiliar, pero no debe sustituir al que nos viene de serie.

Sobre el autor

Me llamo Manuel Saavedra y soy traductor autónomo. En este blog escribo sobre mis experiencias como profesional de uno de los gremios que más ha contribuido al progreso. [+]

Mis últimos tuiteos